domingo, 19 de febrero de 2012

El Pueblo.

Para mí el pueblo es ese lugar en el corazón donde te sientes libre. No hay horarios, preocupaciones ni responsabilidades, por no haber no hay ni cobertura. Quizás sea precisamente eso, la ausencia de comunicación con el exterior, la ausencia de globalización, lo que le hace especial.
Quizás también tenga que ver los buenos momentos vividos en la infancia, de veranos y fines de semana. Bicicletas y pedales, cuestas arriba y cuestas abajo, zarzas sobre las que te caías pero que no te importaban, siempre adelante, siempre contenta.
En su pequeña dimensión: cruzar un río, subir una colina, construir cabañas y hacer merendolas en un prado, son grandes aventuras que te llenan de felicidad, porque todas esas pequeñas cosas son las que te hacen sonreír por dentro.
Con el paso del tiempo recordamos todas aquellas anécdotas de años pasados, con la nostalgia y añoranza de la verdadera libertad. En cambio ahora, no lo vivimos tan intensamente, debido a las responsabilidades que con el tiempo vamos adquiriendo y es más complicado.  Quizás  será por el hecho de que ahora mismo asomada por la ventana, no percibo los olores del campo, ni el sonido de los pájaros, simplemente escucho el rascar del bolígrafo sobre el papel mientras hago otra entrada en este blog.
Si hay un lugar donde los olores y colores se funden en un abrazo, ese es mi pueblo. La sensación de seguridad: todo permanece, todo queda, todo pasa… se hacen únicos aquí. Puedes sentir lo pequeña que eres, un ser diminuto en el universo y sin embargo la fortuna que tienes, eres parte de algo grande, de un universo paralelo a lo cotidiano.
Conocer a la gente, a los tíos, padres, abuelos, de mis amigos, pasar a sus casas, siempre abiertas, colarte en sus habitaciones para despertarles, te hacen sentir como en una gran familia que no cambiaría por nada, aunque siempre estarán esas señoras mayores que no teniendo otras ocupaciones, ocupan el banco de la carretera para ver quien sube, quien baja, y de vez en cuando preguntar a algún amigo que te visita: “¿Y tú de quién eres?”.
Las mejores fiestas, desde luego no son las de las discotecas, sino las de los pueblos en verano. Y ese peregrinaje, de casa en casa, para ver cómo buscamos transporte nocturno que nos lleve. No resulta muy difícil,  ya que siempre quedan padres marchosos de fácil convencimiento, y si eso no es así te toca ir o volver andando.
Música, amigos de otros pueblos, el chiringuito de los churros y patatas fritas y algún que otro amigo “desfasado”.
Son las 4:00, o las 5:00 ó las 6:00, la fiesta no decae sobre todo sí los padres no aguantaron y lo que te toca es volver a pie. Ver amanecer por el camino, es toda una experiencia. Las risas de tus amigos cansados, la desesperación por alcanzar “tú cama” y saber que al día siguiente te darán durmiendo las tres. Y así cada fin de semana de verano. Aunque no todo es fiesta, fiesta, fiesta, siempre hay algún “querido profesor” que cree que no te has esforzado suficiente durante el curso y te***, te pone más deberes.

Los que tenemos pueblo, tenemos un tesoro, aunque algunos fines de semana de invierno, te obliguen a ir y no haya ni “Peter”. Fines de semana, en los que suele hacer 10º C bajo cero, montañas nevadas, tuberías congeladas, pero finalmente pese a esas inclemencias, miras por la ventana sales a la calle, y ves que ha merecido la pena venir.

viernes, 3 de febrero de 2012

Viaje a Berlín

Para hablar del inicio de mi viaje, tengo que comenzar por decir que fue muy estresante y agotador preparar todo, principalmente porque tuve que adelantar muchos trabajos del colegio, que sumados a lo que ya tenía a diario, casi acaban con mi persona. Mi jornada laboral se extendía hasta las 23:30  todos los días, es decir hasta las 17:00 en el colegio, al salir me iba a la academia hasta las 20:00 todos los días (matemáticas y física y química claro), después en casa con el resto de asignaturas.

En fin el día de antes lo único que quería  era dormir y dormir, y me apetecía muy poquito tener que madrugar para irme de viaje.
Si además tenemos en cuenta que iba acompañada de siete historiadores, supuestos adultos. Yo inocente de mí creyendo que me mimarían por aquello de la diferencia de edad,   enseguida descubrí que eso no sería  así,   que me explotarían al máximo.

Es penoso que gente de 20 años recurra a una niña de 15 para situarse, coger la línea adecuada de metro, preguntar a los transeúntes y llegar a los sitios. Eso me confirma la pasividad, tranquilidad y relajación (a lo  que ellos llaman armonía), que padecen los de “letras”.
Parecía que el tiempo no corría por ellos, y que llegarían a su destino con tan solo subir a un tren cualquiera. ¡Qué equivocados estaban!

No obstante no todo es quejarse y meterse con los universitarios, he de decir que la experiencia fue muy gratificante, puesto que me trataban como adulta y no como yo pensaba que lo iban a hacer. 


Ya centrándonos en la ciudad.
Berlín es una ciudad acogedora donde se fusionan lo antiguo con lo nuevo, la historia y la modernidad, el pasado y el futuro.
 
 Son de esas ciudades en las que no te importaría en absoluto quedarte una temporada. El trato de los berlineses es muy cercano y agradable, siempre te responden con una sonrisa, y no como se les considera habitualmente como gente fría y distante.     

Es verdad que yendo desde España hay cosas que te sorprenden; los carteros reparten el correo en bicicletas, como si estuvieran en un pequeño pueblo, algo chocante es que en el metro no hay barreras, por lo que ya pensamos que era gratis y pasábamos sin pagar como buenos españoles que somos, hasta que nos enteramos que habíamos sido unos irresponsables ya que las multas no eran pequeñas.

Lo  espectacular de esta ciudad es la gran riqueza  cultural que contiene. Desde museos con grandes monumentos como las puertas de Isthar o el busto de Nefertiti, hasta la cúpula del Reichtag.  

 El museo dedicado a la gran tragedia del holocausto, lleno de simbología, silencios, gritos, lágrimas, cartas, conversaciones, fotografías, dolor, el  vacío, y la vida. Es inexplicable, hay que sentirlo, hay que verlo, hay que vivir esa experiencia.   

Tenía muchas ganas de encontrarme frente al muro de Berlín, y robar un cachito de historia, cosa que no hice, por supuesto. Ver cómo años atrás una ciudad se había visto separada por una simple tapia; familias partidas, amigos, vivencias. Como siempre por cuestiones políticas; de dominio, poder, ambición… El kilómetro que queda hoy en día de muro, nos revela con sus grafitis toda la historia, el dolor, el amor  y el sufrimiento vivido.   

Berlín pese a todo es vital y alegre, respetuosa, solo tiene dos fallos: el frío y la ausencia de naturaleza por las calles.  
Ya para terminar creo sinceramente, que toda ciudad debería haber como en Berlín una casa okupa, para que yo personalmente las pudiera visitar, ya había estado en varias  en Madrid pero allí, en Berlín, adquiere otra dimensión, otro punto de vista, de cultura y libertad, de respeto y pasión, un museo vital hacia la realidad.

Hasta el momento una de mis mejores experiencias, que espero pueda repetir. Y que sin ninguna duda recomiendo a todo el mundo.
 




VMB

jueves, 2 de febrero de 2012

Día de la No violencia y la Paz.


El 30 de enero de 2012, como en años anteriores, hemos celebrado el Día de la no violencia y paz, conmemorando la muerte de Gandhi.

Es prioridad de nuestro colegio que  durante todo el año se difundan  los mensajes de paz y entendimiento, que resida  en el mismo la  tolerancia y la solidaridad, la no discriminación por razones culturales, económicas o étnicas, pero  en todo caso, en esta fecha, todos, alumnos y profesores del Colegio Juan de Valdés, nos unimos en una fiesta para reforzar  dichos valores.

Este año, el Día de la Paz comenzó con la participación de todos los alumnos del grupo de mediación, que visitando las aulas de los más pequeños, realizaron actividades de teatro y cuentacuentos para intentar mostrarles la importancia de la celebración de este día, y de que su mensaje debe ser válido para todos los días del año. También, los pequeños participaron activamente en la celebración y por la mañana  nos regalaron en el aula de música diversas canciones en inglés y español relacionadas con la paz.

A mediodía, comenzó el acto simbólico para los alumnos de la ESO. La presentación fue realizada por los alumnos de 4º que centraron su intervención en potenciar el diálogo y el uso del lenguaje como fuente de comunicación y paz.

A continuación los alumnos de  5º y 6º de Primaria leyeron en diferentes idiomas el lema “Juntos construimos la paz” lo que dio al acto una dimensión de deseo común universal.

No solo con el lenguaje se mostró el mensaje de paz, la música irrumpió en el patio con la participación de los grupos de música de 3º de ESO, quienes con sus cajones flamencos y acompañados por alumnos de teatro, nos ofrecieron una actuación de música y  mimo representando la batalla entre la guerra y la paz, realmente impactante.

Tras la música y los silencios de la representación teatral, los alumnos de 1º ESO, compartieron con todos unos fragmentos redactados por ellos mismos sobre sus reflexiones en torno a la paz y la no violencia. 

Si la música, el teatro y el lenguaje fueron partícipes de la celebración, el baile de las alumnas de 4º ESO puso vitalidad al encuentro con una coreografía diseñada por ellas, demostrando una vez más que todas las artes son un buen cauce de comunicación.

Por último la lectura de nuestra directora, Dámaris Ruiz, del mensaje de cierre de la jornada, llenó de emoción el encuentro, no solo centrándose en las relaciones humanas, sino también en nuestra participación común con otros seres vivos de nuestro planeta, y mostrándonos una vez más la importancia de no perder la perspectiva de lo que somos y debemos ser: unos seres increíbles que tienen en sus manos el poder de intervenir por el bien común, pero también minúsculos y humildes en cuanto a miembros de un universo.

Cuando el silencio interior por la emoción se hacía más intenso, la música volvió a inundar nuestros corazones, y un millón de burbujas despertaron la ilusión y la alegría simbolizando cada uno de nuestros  diversos mundos y valores.

VMB