A veces
tengo la sensación de que vivimos en un mundo de prohibiciones. Me gustaría
poder llegar a decir que vivimos en
mundo de formación, donde se nos forma para elegir. Pero no es así. Todo está prohibido y cada vez más. En ocasiones
en lugar de proteger nuestros derechos como menores, lo que se hace es reducir
nuestra libertad hasta el punto de tratarnos como meros muñecos a los que, eso sí, hay que cuidar,
alimentar, enseñar y facilitarnos un ocio y actividades a gusto de los adultos.
Para hacernos
un piercing o un tatuaje debemos obtener una autorización escrita de nuestros
padres, en algunos sitios debes ir acompañado por uno, en otros te piden el
original de tu padre o madre. En fin una pesadilla, no solo tenemos que
convencer previamente a nuestros padres, lo que a veces ya es un reto en sí
mismo, y en la mayoría de los casos nos vemos sujetos al chantaje más puro (si
apruebas , lo tendrás…), sino que además estamos pendientes de que ellos puedan
trasladarse con nosotros a hacernos el
mencionado “ agujero de la oreja”.
Pues ¡óigannos¡
para nosotros, los jóvenes, no se trata de un agujero, sino de una actitud de
demostrar nuestra pequeña libertad de albedrío, de decisión, de mostrarnos de
alguna manera distintos a unos , o iguales a otros.
Se
utiliza la minoría de edad para justificarlo todo, como si no hubiera estadios
intermedios de conocimiento y madurez. No todo lo hacemos a la misma edad, pero
se nos da derecho a trabajar a los 16, de acceder a algunos sitios de ocio a los 14, y de tomar decisiones drásticas,
como hasta hace tiempo de decisión incluso de aborto. Pero no se nos permite hacernos un piercing
si no tenemos 18 años.
No
estoy hablando de una mutilación o de poner en peligro la integridad física,
hablamos de moda, de integración, de independencia… A veces creo que perdemos
toda lógica sobre las cosas…
VMB