Para hablar del inicio de mi viaje, tengo que comenzar por decir que fue muy estresante y agotador preparar todo, principalmente porque tuve que adelantar muchos trabajos del colegio, que sumados a lo que ya tenía a diario, casi acaban con mi persona. Mi jornada laboral se extendía hasta las 23:30 todos los días, es decir hasta las 17:00 en el colegio, al salir me iba a la academia hasta las 20:00 todos los días (matemáticas y física y química claro), después en casa con el resto de asignaturas.
En fin el día de antes lo único que quería era dormir y dormir, y me apetecía muy poquito tener que madrugar para irme de viaje.
Si además tenemos en cuenta que iba acompañada de siete historiadores, supuestos adultos. Yo inocente de mí creyendo que me mimarían por aquello de la diferencia de edad, enseguida descubrí que eso no sería así, que me explotarían al máximo.
Si además tenemos en cuenta que iba acompañada de siete historiadores, supuestos adultos. Yo inocente de mí creyendo que me mimarían por aquello de la diferencia de edad, enseguida descubrí que eso no sería así, que me explotarían al máximo.
Es penoso que gente de 20 años recurra a una niña de 15 para situarse, coger la línea adecuada de metro, preguntar a los transeúntes y llegar a los sitios. Eso me confirma la pasividad, tranquilidad y relajación (a lo que ellos llaman armonía), que padecen los de “letras”.
Parecía que el tiempo no corría por ellos, y que llegarían a su destino con tan solo subir a un tren cualquiera. ¡Qué equivocados estaban!
No obstante no todo es quejarse y meterse con los universitarios, he de decir que la experiencia fue muy gratificante, puesto que me trataban como adulta y no como yo pensaba que lo iban a hacer.
Ya centrándonos en la ciudad.
Berlín es una ciudad acogedora donde se fusionan lo antiguo con lo nuevo, la historia y la modernidad, el pasado y el futuro.
Son de esas ciudades en las que no te importaría en absoluto quedarte una temporada. El trato de los berlineses es muy cercano y agradable, siempre te responden con una sonrisa, y no como se les considera habitualmente como gente fría y distante.
Es verdad que yendo desde España hay cosas que te sorprenden; los carteros reparten el correo en bicicletas, como si estuvieran en un pequeño pueblo, algo chocante es que en el metro no hay barreras, por lo que ya pensamos que era gratis y pasábamos sin pagar como buenos españoles que somos, hasta que nos enteramos que habíamos sido unos irresponsables ya que las multas no eran pequeñas.
Lo espectacular de esta ciudad es la gran riqueza cultural que contiene. Desde museos con grandes monumentos como las puertas de Isthar o el busto de Nefertiti, hasta la cúpula del Reichtag.
El museo dedicado a la gran tragedia del holocausto, lleno de simbología, silencios, gritos, lágrimas, cartas, conversaciones, fotografías, dolor, el vacío, y la vida. Es inexplicable, hay que sentirlo, hay que verlo, hay que vivir esa experiencia.
Tenía muchas ganas de encontrarme frente al muro de Berlín, y robar un cachito de historia, cosa que no hice, por supuesto. Ver cómo años atrás una ciudad se había visto separada por una simple tapia; familias partidas, amigos, vivencias. Como siempre por cuestiones políticas; de dominio, poder, ambición… El kilómetro que queda hoy en día de muro, nos revela con sus grafitis toda la historia, el dolor, el amor y el sufrimiento vivido.
Berlín pese a todo es vital y alegre, respetuosa, solo tiene dos fallos: el frío y la ausencia de naturaleza por las calles.
Ya para terminar creo sinceramente, que toda ciudad debería haber como en Berlín una casa okupa, para que yo personalmente las pudiera visitar, ya había estado en varias en Madrid pero allí, en Berlín, adquiere otra dimensión, otro punto de vista, de cultura y libertad, de respeto y pasión, un museo vital hacia la realidad.
Hasta el momento una de mis mejores experiencias, que espero pueda repetir. Y que sin ninguna duda recomiendo a todo el mundo.





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¿Pasivo, tranquilo, relajado? Si esos adjetivos se pueden aplicar a mi persona, que soy de Letras, tú me dirás...
ResponderEliminarBerlín es simplemente maravillosa. Para mí una de mis ciudades favoritas del Europa y del mundo.
Y sí que hay mucha naturaleza: anda que no hay parques y jardines, y alrededor del río, todo un paseo con árboles.