domingo, 25 de marzo de 2012

Violencia doméstica


La violencia no  se trata de una enfermedad. Se trata de un aspecto personal, de la necesidad de algunas personas de demostrar su superioridad, infringiendo dolor, angustia y miedo a los que les rodean. La violencia doméstica no es solamente la violencia que se ejerce hacia las mujeres, sino la agresión continuada que se realiza en el seno de una familia. Tanto de padres a hijos, como entre hermanos y en ocasiones de hijos a padres. 

Estamos demasiado acostumbrados a escuchar continuamente “tantas personas han muerto a manos de…” o “este año han sido denunciados tantos casos de violencia doméstica”. En realidad cuando escuchamos esto no nos sorprende, parece que estamos vacunados contra la sensibilidad, ya que lo asumimos con total normalidad, porque al fin y al cabo solo oímos una estadística. Pero no nos paramos a pensar que cada uno de ellos tenía una vida, un sueño, una ilusión…., eran PERSONAS.

 No me estoy refiriendo a la discusión generacional, a una pelea entre hermanos o  a cuatro gritos por no estar de acuerdo, sino estoy hablando de verdaderos maltratadores, que de forma reiterada y continua asumen el papel de que ellos son superiores y que te poseen de algún modo, eres parte de su patrimonio como lo pueden ser los muebles, es más exigen que se les preste una atención y sumisión expresa, y son capaces no solo de humillar, degradar, sino a veces llegan al maltrato físico: todo empieza con  una bofetada,  posteriormente una verdadera paliza,  hasta llegar a la muerte, hasta arrebatarte la vida …. A veces el maltrato es muy explícito, pero otras puede ser sumamente sutil: chantajes emocionales para minarte la vida, para reducir tu autoestima al borde del suelo, o hacer del afecto el instrumento de dominación, recibir solo amor ante conductas de obediencia ciega y de humillación. 

Lo habitual cuando existe maltrato es que no se focalice solo contra un miembro de la familia, el agresor considera que todos son inferiores, y están bajo su dominio. Por ello en los hogares donde existe violencia de género, también existe un maltrato directo o indirecto hacia los hijos. Ellos al igual que la madre en este caso, son victimas pasivas y limitadas en sus decisiones. Es decir que la infancia de estos niños repercutirá para siempre en sus actitudes personales del  futuro. Una buena parte de ellos habrán asumido las mismas conductas que su progenitor y reproducirán  violencia el día de mañana, otros vivirán bajo el trauma de sus recuerdos, y probablemente nunca lleguen a poder constituir una familia estable por el miedo a fracasar.  
Pienso que la violencia domestica no es un problema individual,   es una cuestión social. La educación, la cultura y también la religión  juegan un gran papel en esta situación. Todavía vivimos en una sociedad machista donde  a la mujer en pleno siglo XXI, se la sigue tratando con  inferioridad,  con numerosos complejos, y  limitaciones a roles específicos. Si la costumbre a lo largo de siglos ha sido un factor responsable, la educación y el desarrollo son precisamente el factor fundamental para acabar con estas situaciones.

Si desde la infancia recibiéramos una correcta educación, la información necesaria, un trato igualitario,  mucha de toda esta violencia desaparecería, porque en definitiva  somos lo que vemos y lo que sentimos a nuestro alrededor. 
      








VMB

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